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Ante una enfermedad larga, es interesante contar con asesoramiento profesional y si, de acuerdo con este, no existe razón alguna para suspender las relaciones sexuales ponerse de acuerdo para explorar las posibilidades. Deberá tomarse en cuenta el tipo de enfermedad y el grado de gravedad de la persona enferma. El sexo no deberá ser demasiado fatigoso ni las posturas complicadas en exceso. El compañero que goza de buena salud tiene la responsabilidad de asegurarse de que el otro está relajado y tranquilo, y no sólo en condiciones de hacer el amor sino con deseos de ello. La iniciativa, con toda probabilidad, será tarea del compañero sano.

Las posturas más cómodas para obtener placer se escogerán cuidadosamente y de acuerdo a su situación personal. Para comenzar, el menor trabajo lo realizará el compañero afectado, de modo que si es él el que está enfermo, se elegirá cualquier postura con la mujer enferma, y si la afectada es ella, pueden intentar la penetración desde atrás puesto que funciona muy bien.

También es importante elegir posiciones que proporcionen apoyo suficiente al cuerpo y, a menudo, la cama no es el lugar más indicado. Sillas, sofás y mesas ofrecen un amplio repertorio de posibilidades para lograr una actividad sexual gratificante. Los cojines y almohadas pueden emplearse estratégicamente para elevar o bajar al compañero, o para proteger las zonas más sensibles.

La actitud general hacia la gente en silla de ruedas e incapacitados o minusválidos es que todas sus posibilidades sexuales están anuladas. Pero estas personas no tiene porque dejar de sentir deseo sexual e incluso cuando sufran alguna disfunción sexual hay que tener en cuenta que el sexo no es solo genital. La aptitud para gozar persiste aun cuando la aptitud para realizar el coito se halla perdido. El sexo amoroso y satisfactorio está allí para que cada pareja lo goce: basta con que lo descubran por sí mismos.