»METODOS
DE ANTICONCEPCIÓN
Ningún
método anticonceptivo (salvo la abstinencia completa) garantiza
una total seguridad.
Es necesario que realices una buena elección, para ello lo mejor es
que te informes bien sobre índices de fallos, reversibilidad, seguridad,
y muy importante sobre tu estado de salud.
También debes tener en cuenta la edad, el estilo de vida actual y los
valores personales. Debes tener muy claro que que si estos factores
cambian, necesitas la seguridad de que podrás utilizar un anticonceptivo
diferente.
Tener
hijos está muy bien, es incluso estupendo (supongo), pero lo primero
y principal es que para tenerlos hay que quererlos.
Un embarazo no deseado puede ser todo un problema, sobre todo para los
más jóvenes.
Así que, antes de ponerse a pasar un "buen rato", hay que planificar
qué método van a utilizar. Lo más importante:
NO SUPONGAS NUNCA QUE TU PAREJA YA CONTROLA EL TEMA. Háblalo
y decidi cuál es el que más les conviene.
Debido a las
condiciones económicas, sociales y culturales, el control de
la natalidad es una práctica fundamental que actualmente emprende
la mayoría de las parejas. El desarrollo de diversos métodos
anticonceptivos con un elevado porcentaje de seguridad posibilita la
planificación familiar, de forma que las parejas deciden el número
de hijos que desean tener y el momento en que prefieren que ello ocurra.
Cada pareja
debe conocer las diferentes opciones existentes y adoptar el método
anticonceptivo que mejor se adecue a sus necesidades, características
físicas y modo de vida. La elección puede realizarse en
función de la eficacia, comodidad y satisfacción sexual
que proporciona cada método, teniendo en cuenta asimismo, las
contraindicaciones y los posibles efectos secundarios derivados de algunos
de ellos.
»LA
ANTICONCEPCIÓN EN LA HISTORIA
En un
principio el ser humano desconocía la relación existente
entre acto sexual y procreación, por lo que atribuía el
nacimiento de los hijos a la intervención de fuerzas mágicas
o divinas.
Pero desde
el momento en que se toma conciencia de la propia capacidad reproductora,
comienza la búsqueda de métodos para evitar los embarazos
no deseados, ya que en muchas ocasiones los hijos sólo suponían
una carga para el clan y reducían los alimentos y recursos disponibles.
Los primeros
intentos fueron muy rudimentarios, algunos de ellos basados en supersticiones,
amuletos mágicos u oraciones. Sin embargo, primero en China hace
4.000 años y posteriormente en Grecia, comenzaron a utilizarse
pociones abortivas, mientras que en Egipto se difundió el empleo
de mezclas espermicidas a base de excrementos de cocodrilo.
Algunos
pueblos llegaron a intuir los fundamentos del método basado en
el conocimiento de los días fértiles del ciclo menstrual
de la mujer. También era frecuente en todas las culturas la práctica
del que se considera el método más antiguo de todos: el
coitus interruptus o interrupción del coito, consistente en la
retirada del pene de la vagina de la mujer antes de que se produzca
la eyaculación.
Pero todos
éstos métodos eran muy poco fiables, por lo que la sexualidad
suponía una carga de angustia, especialmente para la mujer, expuesta
a los peligros del parto y a las limitaciones sociales que le imponía
la maternidad.
La primera
descripción de un preservativo data de 1564; entonces se hacían
de lino, y su finalidad era la de proteger contra la sífilis,
pero constituyeron un fracaso.
El descubrimiento
de la presencia de espermatozoides en el semen en el siglo XVII propició
el desarrollo de nuevos métodos, tales como espermicidas naturales
o químicos, esponjas y duchas vaginales y los precedentes de
los futuros diafragmas. Posteriormente, desde Inglaterra comenzaron
a exportarse píldoras femeninas abortivas cuyo principal componente
era el aloe, que puede provocar el aborto espontáneo.
En el
siglo XVIII los preservativos comenzaron a hacerse con tripa de diversos
animales, y rápidamente se extendió su uso como método
anticonceptivo. En Estados Unidos, el descubrimiento de Charles Goodyear
en 1843 sobre cómo vulcanizar el caucho, dio lugar al primer
profiláctico de goma, que pronto comenzó a fabricarse
en grandes cantidades.
La disponibilidad
de métodos anticonceptivos comenzó a ser fuente de numerosas
polémicas: algunos sectores de la sociedad consideraban el control
de la natalidad como algo inmoral y obsceno, y los fabricantes y distribuidores
de las sustancias y dispositivos para evitar la procreación fueron
perseguidos. Sin embargo, con la ayuda de algunos médicos y farmacéuticos
, el público continuó teniendo acceso a la mayoría
de estos productos.
En torno
a 1880 en Alemania se creó el diafragma, y posteriormente, en
1909, el dispositivo intrauterino (DIU).
La primera
píldora anticonceptiva fue aprobada en Estados Unidos en 1960,
pero las elevadas dosis de hormonas que contenía tuvieron algunos
efectos negativos para la mujer, por lo que posteriormente dichas dosis
se modificaron y aparecieron nuevas píldoras.
Todavía
en la actualidad los métodos anticonceptivos son objeto de controversia;
en ocasiones se clasifican como naturales o artificiales, atendiendo
a su grado de intervención en el ciclo biológico. Así,
en el caso de algunas religiones, se considera inadmisible cualquier
método de control de la natalidad que no se fundamente exclusivamente
en la atención a los ciclos naturales de la mujer, por lo que
se rechazan los llamados métodos antinaturales como la píldora,
el DIU, el preservativo o el diafragma, y también la esterilización
quirúrgica.
Ya sean
éstas u otras las consideraciones morales o religiosas de la
pareja, ésta ha de tener en cuenta que para la elección
de un método anticonceptivo es conveniente obtener información
acerca de las diversas opciones y de su índice de éxito
o fracaso. Asimismo, el estado de salud, la edad, el estilo de vida
y las circunstancias personales son factores que influyen en dicha decisión.
El desarrollo
de métodos anticonceptivos con un elevado índice de fiabilidad
ha contribuido a eliminar falsos mitos y tabúes sobre la sexualidad
y ha permitido que las parejas puedan disfrutar y compartir el goce
sexual sin el temor a embarazos no deseados.