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DEFINICIÓN DE SEXUALIDAD
La sexualidad
es una función vital que influye sobre la conducta de los individuos
y sobre las relaciones humanas en general. Afecta a todos los procesos
fisiológicos y psicológicos del ser humano, aunque no es imprescindible
para su supervivencia. Se trata de un impulso instintivo que atraviesa
diferentes etapas a lo largo de la vida de los individuos y que es condicionado
en gran medida por el entorno sociocultural en el que viven. Pero ante
todo, la relación sexual responde a una necesidad de comunicación física
y psicológica que va más allá de la mera unión sexual de los cuerpos.
La sexualidad
humana comprende tres aspectos fundamentales:
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LA REPRODUCCIÓN
Desde
un punto de vista físico, la sexualidad incluye la sensualidad, que
consiste en la estimulación de los sentidos, y la genitalidad, que supone
la estimulación de los órganos genitales.
La continuidad y supervivencia de las especies requiere que se generen
nuevos seres a partir de los ya existentes.
El ser humano se reproduce sexualmente mediante la fecundación, proceso
consistente en la unión de dos gametos, espermatozoide y óvulo, uno
de cada progenitor.
La fecundación determina la formación del zigoto o huevo fecundado que,
tras un desarrollo embrionario, dará lugar a un nuevo ser. El sexo de
un niño es determinado a través de los cromosomas en el momento de la
concepción. Durante el desarrollo fetal las glándulas sexuales, ovarios
y testículos, segregan hormonas sexuales masculinas o femeninas, las
cuales controlan el desarrollo de los órganos sexuales.
El ciclo
menstrual posibilita que la mujer pueda quedar embarazada en cualquier
mes, ya que cada mes el ovario libera un óvulo. Sin embargo, la utilización
de anticonceptivos permite a la pareja la decisión de tener hijos o
no y el momento en el que desean que ello ocurra. Entonces, la sexualidad
puede plantearse independientemente de la función reproductora o asociada
a ella.
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EL
DESEO DE PLACER SEXUAL
Comúnmente,
el deseo sexual es designado como libido, apetito, excitación, pulsión,
ansia, lujuria, pasión… y puede considerarse como la sensación de carencia,
de necesidad de llevar la iniciativa en el contacto sexual o de ser
receptivo ante los acercamientos del compañero.
Se trata, en
suma, de la búsqueda del placer erótico.
El deseo es
determinado por innumerables factores, tanto internos -tales como la
fantasía, las vivencias, la educación y la personalidad del individuo
- como externos - el entorno, las costumbres culturales y todos aquellos
estímulos que inciden en el individuo en un instante determinado: una
mirada, un olor, una canción, la visión de un cuerpo desnudo, una caricia...
Si
estos estímulos son interpretados eróticamente por la persona que los
recibe, se produce el despertar del deseo. Sin embargo, el interés sexual
se encuentra sometido en buena medida a las fluctuaciones de las hormonas
sexuales, entre las que destaca la testosterona, hormona masculina segregada
tanto por los ovarios como por las glándulas suprarrenales que activa
los circuitos cerebrales de los que dependen el deseo, el placer y el
comportamiento sexual de hombres y mujeres.
También son
fundamentales la hormona femenina llamada estradiol y neurotransmisores
como la dopamina y la serotonina. El deseo en el hombre suele ser más
intenso y se satisface con mayor facilidad, mientras que en la mujer
es más lento en despertar y depende además del ciclo menstrual.
El deseo puede
dar paso a la excitación, etapa en la que el cuerpo del hombre y el
de la mujer reaccionan de forma similar: el sistema nervioso envía impulsos
a determinados centros del cerebro, lo que da lugar a algunos cambios
en el cuerpo, tales como el aumento de la presión sanguínea, la aceleración
del pulso y de la respiración, el envío de sangre a los genitales y
el aumento de la sensibilidad de la piel. La duración de estas transformaciones
depende de las características del individuo, y suele ser más prolongada
en la mujer.
La excitación
varía según la intensidad del deseo y la eficacia de las caricias, pero
para mantener una excitación creciente hay que estimular las zonas erógenas
durante el tiempo necesario. Tras la fase de excitación, si la estimulación
continúa, la relación sexual atraviesa otras etapas acompañadas de sus
consecuentes cambios fisiológicos, de forma que el cuerpo acumula una
tensión que es liberada finalmente a través del orgasmo, momento en
el que se experimenta el máximo clímax. Finalmente el organismo recupera
progresivamente su aspecto y ritmo habitual.
Se experimenta
una sensación física y psicológica de calma, y el momento puede ser
aprovechado para expresar la ternura y el cariño hacia la pareja, pues
se trata de una situación íntima, de alegría y confianza mutua.
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LA COMUNICACIÓN DEL AFECTO
La forma en
que se manifiesta la sexualidad humana se debe principalmente al desarrollo
del cerebro y a la educación.
Mientras la
sexualidad animal es más instintiva, la sexualidad en los humanos es
una forma de comunicación, de expresión de los sentimientos afectivos,
una tendencia a buscar la fusión física y psíquica con otra persona.
Desde el punto de vista físico, la relación sexual supone un acercamiento
muy intenso, pues con ella se ponen en marcha todos los sentidos, que
actúan como canales de comunicación: el tacto, la vista, el gusto, el
olfato y el oído transmiten sensaciones placenteras que crean un clima
especial de proximidad que no es alcanzado en otras situaciones.
Desde
el punto de vista emocional, la relación sexual, al reunir a dos individuos
en el acto común de la cópula, fortalece la unión de la pareja, favorece
la intimidad entre los compañeros y proporciona placer y autoestima
a ambos.
Sin embargo,
el sexo puede dar lugar a efectos negativos:
- si la persona no lo incluye en
su sistema de valores,
- si se tiene relaciones sexuales
con alguien diferente al compañero, o
-
si no se asume las responsabilidades que conlleva.
Todo ello puede
generar conflictos, sentimientos de culpabilidad y malestar. La sexualidad
forma parte de las relaciones humanas, las enriquece y es una fuente
de placer, pero para poder vivirla satisfactoriamente es preciso:
- conocer el funcionamiento del
propio cuerpo y el del compañero,
- estar libre de conflictos educacionales
y psicológicos que impidan el placer,
- aceptar y respetar a la pareja,
- tomar
las precauciones necesarias para evitar embarazos no deseados y enfermedades
de transmisión sexual.
Las experiencias sexuales pueden resultar enormemente gratificantes,
especialmente si se realizan como forma de expresión del afecto y de
los sentimientos de la pareja.