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ZONAS ERÓGENAS
DEL HOMBRE
Ciertas
partes de la piel son en particular sexualmente sensibles. Estas áreas
son llamadas zonas erógenas. Su sensibilidad se debe a la rica
red de terminaciones nerviosas sensitivas, las que reaccionan al tacto.
En una situación sexual, los estímulos táctiles
se convierten en estímulos sexuales. Cuando el componente emocional
es muy elevado, tocar cualquier parte del cuerpo puede tarducirse en
un estímulo sexual. Esto se debe a que toda la piel puede ser
una zona erógena si recibe el contacto de alguien sexualmente
atractivo y deseable.
El descubrimiento
y exploración de las zonas erógenas de la pareja debe
ser amoroso, cariñoso y pensado, no simplemente mecánico.
Cada mujer debe tratar de descubrir todo lo posible sobre el cuerpo
de su pareja. Las parejas deben aprender a excitarse de forma lenta
pero segura, para descubrir poco a poco cuales son las partes del cuerpo
que experimentan más placer y estímulo al ser acariciadas.
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PARTES MÁS SENSIBLES DEL HOMBRE
Los labios
son zonas eróticas obvias del hombre y de la mujer que responden
al tacto al beso o al lamido. El beso es con frecuencia la primera expresión
de amor y, sin importar que otra clase de actividades se practiquen,
besar seguirá siendo una de las caricias más voluptuosas.
La boca es móvil, lo que ofrece una gran variedad de placeres
sexuales. A través de ella se puede experimentar al mismo tiempo
el tacto, el gusto y el olfato. Los besos pueden ser tiernos suaves
e íntimos; o apasionados, profundos, ardientes o incluso ásperos.
En las parejas con una atracción muy fuerte puede simular la
unión sexual: la lengua penetra en la boca con una intensidad
rítmica, como lo hace el pene dentro del cuerpo de la mujer.
Cuando una persona
empieza a conocerse, las primeras zonas eróticas en ser descubiertas
son los labios y la boca. Parece ser que una razón por
la cual los acercamientos sexuales comienzan por el órgano bucal,
es que mediante sus caricias nos retornaremos a la infancia temprana.
Algunos psicólogos hacen notar que durante esa época experimentamos
muchos sentimientos placenteros por medio de la boca. Un bebé
no sólo disfruta con ella los pechos maternos, la comida y sus
propios dedos. También lame y saborea la mayor parte de sus juguetes,
mantas y otros objetos para explorarlos y conocerlos. Algunos especialistas
dicen que, por esa razón, los placeres del sexo oral, relajantes
y desinhibitorios, se asocian con los de la infancia temprana.
Hay una infinita
variedad de besos, con los labios cerrados o abiertos, secos o húmedos,
inmóviles o activos, exploratorios o muy tiernos. Aunque en algunos
hombres persiste la noción de que el beso debe ser suave, la
gran mayoría goza de la cercanía física y contacto
corporal que brinda. Sin embargo, a pocos hombres, les gustaría
dejar de besar, en especial si hubiese alguna posibilidad de coito.
Y con frecuencia, los besos afectuosos sin consecuencias pueden ser
mal interpretados por ellos como una invitación a una mayor intimidad.
A los hombres
les gusta que se les bese con pasión, y casi con seguridad se
excitará si se le besa y acaricia la parte de atrás del
cuello, las orejas y los párpados. La mujer excitará
más al hombre si utiliza besos sensuales y profundos para estimular
los labios, lengua e interior de su boca, besándole con la lengua
fuera y dentro de su boca y procurando que las lenguas entren en contacto.
Los mordisquitos también pueden resultar estimulantes, con moderación.
Cuando una mujer
besa y da golpecitos sobre las diversas partes del cuerpo de un hombre,
este debe hacerle conocer de inmediato el efecto causado, la comunicación
es imprescindible. Contrariamente a la creencia popular, el hombre también
necesita y disfruta del juego previo. Este le ofrece la estimulación
necesaria para tener una erección buena y firme al preparar el
pene para el coito, pero, todavía, algunos hombres ven el juego
erótico como una serie de cosas por las que deben atravesar hasta
que su pareja este preparada. Otros tienen problemas en aceptar caricias
corporales y quieren que sus parejas les toquen directamente los genitales,
si esto es así la mujer deberá alentar a su pareja para
que aprecie las delicias que brinda el juego previo.
Las estimulación
de las zonas erógenas comienza con las manos y los dedos,
pero, por supuesto, todas esas partes reaccionan con mayor intensidad
si se acarician con la boca manos y lengua. Además de golpes
suaves, palmaditas y fricciones, se pueden utilizar bofetadas suaves,
lo que también agrega variedad a la sensación y a las
técnicas de hacer el amor. Los hombres también gozan cuando
sus parejas utilizan los pechos y los pezones para golpearlos.
Al igual que
ciertas áreas de las mujeres, tales como los labios y cualquier
parte de la cara y yemas de los dedos, existen ciertas áreas
generales del cuerpo del hombre que le proporcionan un intenso placer
al ser tocadas, tales como los hombros, palmas de las manos, espalda,
pecho y pezones. El frotar y succionar los pezones de su pareja otorga
placer y el que se pongan erectos es una señal de excitación.
Toda la zona
genital del hombre responde al más leve toque, y dentro de esta,
hay muchos puntos específicos para ser explorados. El área
justo detrás de la raíz del pene, entre este y el ano
cubriendo la próstata, puede ser excepcionalmente sensible al
tacto, tanto en la erección como al alcanzar el orgasmo. Los
testículos son sensibles en extremo y deben ser manipulados con
suavidad, ya que lo contrario puede resultar doloroso. Pero sin duda,
el pene es la zona erógena más sensible de un hombre,
donde siente las sensaciones más intensas y el placer se concentra.
El cuerpo entero del pene es muy sensible, pero el extremo del glande
es en particular rico en terminaciones nerviosas, en especial en su
corona, y reaccionará con mucha rapidez a la mínima estimulación.
También el frenillo es en extremo sensible en todos los hombre,
al igual que detrás de la abertura del pene.
Las nalgas son
sexualmente excitables, y la mayoría de los hombres encuentran
placer cuando se las acarician. A algunos también les gusta que
se las golpeen con suavidad. La abundancia de terminaciones eróticas
alrededor del ano, hace que también sea sensible a caricias de
todo tipo.
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FACTORES EXTERNOS
Todo esto
esta condicionado por factores externos ya que si a un hombre no le
atrae una mujer en absoluto, o incluso le repugna, probablemente no
servirá de nada que la mujer estimule sus zonas eróticas.
Este es un caso extremo, pero dentro de una pareja normal, en la
que existe un lazo afectuoso, puede cambiar mucho la situación
y por lo tanto los estímulos y el deseo. Si la actividad sexual
se contempla como una actividad "cualquiera" de la que solo importan
los resultados, se dedicará un tiempo insuficiente, este "ir
a por faena" encierra bajo llave a nuestro aspecto lúdico, que
es tan sano, y contribuye a que la diversión compartida pierda
protagonismo de forma gradual entre los miembros de la relación.
Hay que señalar
que quien se divierte con su pareja tiene muchas más posibilidades
de que sea satisfactoria su vida sexual. Igualmente, quien en lugar
de saltar del ordenador a la caja de preservativos hace un alto para
dar paso al sosiego está facilitando la llegada del placer y
el deseo.
La satisfacción
sexual requiere concentración, esa capacidad de reunir la energía
mental dispersa; su principal enemiga es la dispersión, es interesante
conseguir unos minutos de relajación y evasión antes de
entrar en contacto con la pareja, lo cual no quita espontaneidad, como
mucha gente piensa.
Otro aspecto,
que juega un papel muy importante es la ternura, es posible que una
mujer cause más excitación que otra en un hombre, simplemente
por su ternura. Para mostrar ternura hay que sentir afecto por la otra
persona, el hombre se sentirá estimado, querido y enormemente
complacido si su compañera es capaz de manifestar ese afecto.
La ternura puede ser expresada en la intimidad, con todos los sentidos,
con cada gesto, o incluso con la simple presencia; una de sus mejores
posibilidades son las caricias. Tendemos a tocar al otro de la misma
manera que nos gustaría ser tocados, en lugar de observar su
preferencias; este es uno de los motivos por los que muchas mujeres
se quejan de ser abordadas con dureza y precipitadamente, y las quejas
masculinas van en sentido opuesto: presiones demasiado suaves y caricias
que se van por las ramas. Pero la ternura acepta cualquier caricia,
suave o fuerte, rápida o lenta, tímida o atrevida....y
cualquier otro matiz que provenga de la complicidad.