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FASES DEL PLACER EN LA MUJER
Si
estamos en armonía con nuestros cuerpos sabremos que la respuesta
sexual recorre varias etapas identificables: deseo, excitación,
clímax y resolución que se acompañan de cambios
corporales. Lo que no se sabe tan bien es que aunque estas etapas transcurren
en hombres y mujeres en el mismo orden, y en gran medida de la misma
manera, hay diferencias esenciales. En las mujeres, las respuestas se
obtienen en general a partir de estímulos diferentes que tardan
más tiempo en obtener respuesta, pero los efectos son más
prolongados y pueden repetirse con mayor rapidez. Los cambios son reversibles
si alguna de las partes se distrae.
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EXCITACIÓN
El deseo, el reconocimiento de que nuestros sentimientos y sensaciones
están tomando un sesgo sexual, se inicia en el cerebro. Éste
envía al cuerpo mensajes que provocan los diversos cambios que
conducen a la excitación.
Cuando
una mujer se excita sexualmente, su respiración se hace más
rápida y su corazón se acelera. Sus labios se tornan rosados,
las pupilas se dilatan y sus pezones se ponen erectos. A medida que
la excitación aumenta su piel adquiere un tono rosado y se enciende,
comienza a sudar y sus pechos se hinchan al llenarse con sangre.
Pero
la primera respuesta de la mujer a la estimulación sexual, la
que invariablemente es táctil, es la lubricación vaginal,
que `puede iniciarse entre 10 y 30 segundos después de haberse
iniciado la excitación. Gotitas aisladas de "mucus" lubricante
aparecen intermitentemente a través de los pliegues de las paredes
vaginales, como una forma de sudoración. Aunque el clítoris
es el foco principal de la respuesta sexual femenina, la reacción
de este órgano es más lenta y de ningún modo comparable
a la velocidad de erección del pene.
A
medida que la excitación sexual aumenta, las gotitas se unen
para formar una capa lubricante suave y deslizante que cubre toda la
superficie interior de la vagina, lo que permite una penetración
en extremo fácil. El "mucus" lubricante puede aparecer en cantidades
abundantes a pesar de la ausencia de glándulas en las paredes
vaginales, y se piensa que se origina a partir del enorme aumento de
flujo sanguíneo que se inicia casi al mismo tiempo que la excitación
sexual. No se ha descubierto ningún otro origen, pero casi con
toda seguridad la respuesta no es hormonal, dado que también
ocurre en mujeres que se han sometido a una histerectomía completa
(extracción de los órganos genitales internos).
La
velocidad de respuesta del clítoris depende de si ha sido estimulado
directa o indirectamente. La respuesta más rápida depende
de la estimulación del área del clítoris o del
área del monte. De la estimulación indirecta, incluyendo
la manipulación de otras zonas erógenas, como los senos
o la vagina, sin contacto directo con el clítoris, se obtiene
también una respuesta definida aunque más lenta.
La
única forma directa de estimulación es el tacto con los
dedos, boca o pene erecto, y la mayoría de las mujeres requieren
algo más que la penetración para alcanzar el orgasmo.
Debido a su posición, el clítoris no recibe estimulación
directa durante el coito, y los movimientos propios del pene son con
frecuencia insuficientes para excitarlo hasta el orgasmo. Sin embargo,
la estimulación indirecta del clítoris sí puede
realizarse con la acción del pene. En cada posición del
coito, el cuerpo del clítoris debería ser empujado hacia
abajo y luego dejado en libertad, además de producirse la estimulación
vaginal y de los senos.
A
medida que la excitación sexual aumenta, la forma de la vagina
cambia y se va adaptando para la penetración. Los dos tercios
interiores de la cavidad vaginal se alargan y distienden; algunas veces
se producen movimientos expansivos. En mujeres intensamente excitadas,
esta distensión es notable. El cuello del útero y el útero
son empujados hacia atrás y hacia adelante dentro de la pelvis,
expandiendo posteriormente el extremo superior de la vagina.
Al
mismo tiempo, el color de las paredes vaginales se modifica. En condiciones
normales, la vagina es de un tono rosa oscuro, pero cambia lentamente
hasta alcanzar un matiz púrpura más oscuro a medida que
se incrementa el flujo sanguíneo en la misma.
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FASE DE MESETA
En
el estado preorgásmico la vagina está tan distendida que
todos los pliegues de la pared están estirados y aplanados y
su recubrimiento es menor. En la penetración, el tercio exterior
de la vagina se dilata con sangre, y esta distensión puede ser
tan grande como para reducir hasta en un tercio la parte inferior de
la misma. El aumento del flujo sanguíneo provoca la dilatación
de los labios mayores y menores, que se separan, se elevan y se vuelven
hacia el exterior.
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ORGASMO
No ha sido posible estudiar los cambios orgásmicos que tienen
lugar en el clítoris debido a que éste se retrae
bajo la cavidad formada por los labios menores. Sin embargo, los cambios
en la vagina son mucho más fáciles de estudiar. El tercio
exterior de la cavidad vaginal se contrae de forma regular durante el
orgasmo, por lo general con una frecuencia de tres a cinco y hasta un
máximo de diez a quince contracciones en intervalos de ocho décimas
de segundo. Después de las primeras tres a seis contracciones,
el intervalo de tiempo entre ellas se prolonga. Cada contracción
constituye un intenso placer y esas fantásticas sensaciones desaparecen
cuando las contracciones disminuyen. La duración de las contracciones
orgásmicas, su grado y el intervalo entre ellas varía
en cada mujer y de un orgasmo a otro. En ocasiones, cuando los niveles
de tensión son más elevados, el orgasmo puede comenzar
con una profunda contracción que dura de dos a cuatro segundos
antes de que el espasmo muscular se transforme en una contracción
muscular que dura menos de un segundo.
Durante
el orgasmo, el músculo uterino se contare y las bóvedas
se expanden formando una cámara para recibir el esperma.
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RESOLUCIÓN
Después del orgasmo la vagina requiere algún tiempo para
recuperar su apariencia normal. Pueden transcurrir de 10 a 15 minutos
antes de que la vagina recobre su coloración básica y
sus pliegues desaparezcan.
El
clítoris vuelve a su posición saliente normal entre 5
y 10 segundos después de haber cesado las contracciones orgásmicas,
y la falta de coloración de los labios menores desaparece con
la misma rapidez: en realidad estos dos procesos se asemejan a la pérdida
de erección tras el orgasmo masculino. Para que desaparezca la
tumescencia del glande del clítoris se requiere un proceso relativamente
lento que puede durar de 5 a 10 minutos, aunque en algunas mujeres,
puede prolongarse hasta media hora. Si no se alcanza el orgasmo el clítoris
puede permanecer erecto varias horas después de la actividad
sexual.