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LA PUBERTAD
Las
hormonas sexuales desencadenan los cambios físicos y emocionales
de la pubertad.
En el caso de
la mujer, la pubertad se considera completa cuando se produce la primera
ovulación, es decir, cuando se adquiere la capacidad de reproducción.
Sin embargo, su cuerpo sigue desarrollándose durante 3 ó
4 años hasta alcanzar la forma y estatura propias de la mujer
adulta.
Entre los 11
y 15 años se produce la menarquía (nombre que designa
el primer flujo menstrual), el tamaño de los pechos aumenta y
éstos adquieren una forma más redondeada, al tiempo que
el vello púbico y axilar se vuelve más tupido y grueso.
Crecen los órganos reproductores internos y externos, y también
los genitales. Continúa el aumento de estatura, aunque a un ritmo
menor, y la grasa corporal empieza a redondear el contorno del cuerpo.
Puede aparecer el acné.
El ciclo menstrual
es un conjunto de modificaciones del ovario y de los órganos
genitales que se repiten regularmente para preparar el organismo ante
un eventual embarazo. La primera menstruación de la mujer o menarquía,
supone el inicio de la ovulación, es decir, la liberación
de un óvulo maduro desde el ovario una vez al mes. La edad en
que se produce la menarquía varía en función de
la persona y de la cultura a la que pertenezca; en Occidente el promedio
de edad del primer flujo menstrual se sitúa entre los 12 ó
13 años, pero algunas mujeres lo experimentan a los 10 años
o tan tarde como los 17.
Entre los 15
y 19 años, el pecho de la chica se aproxima al tamaño
y forma del pecho adulto, la voz se vuelve un poco más grave
y los ciclos menstruales son cada vez más regulares. Además,
la capacidad biológica de la mujer para la maternidad determina
la forma de su cuerpo en la edad adulta, por lo que las caderas se ensanchan
y redondean, preparándose para el embarazo y el parto.
La educación
sexual adquiere gran importancia durante la adolescencia, pues facilita
a los jóvenes desarrollar una actitud sana y positiva hacia su
cuerpo y su sexualidad. En esta edad son frecuentes las preocupaciones
en torno al desarrollo corporal, especialmente si éste se produce
muy pronto o muy tarde. Además, en el caso de las chicas, puesto
que sus ciclos menstruales al principio suelen ser irregulares, la información
sobre el funcionamiento de su cuerpo es fundamental para tranquilizarlas
y para que asuman su capacidad reproductora. Asimismo, una adecuada
educación sexual contribuye a evitar embarazos no deseados y
la transmisión de enfermedades sexuales.
Generalmente
se considera que el mejor momento para tener un hijo es cuando la mujer
tiene entre 25 y 30 años, puesto que además de buenas
condiciones físicas, posee responsabilidad emocional y financiera
para ello. A partir de los 35, la fertilidad empieza a disminuir y comienza
el riesgo de aborto o de tener un hijo con una anomalía.