» FECUNDACIÓN
Y EMBARAZO
La función biológica del sexo humano es
la reproducción, que asegura la continuidad de la existencia
y el desarrollo de la especie.
La
reproducción es un proceso complejo y fascinante en el que un
espermatozoide masculino fertiliza un óvulo femenino, trasformándose
ese huevo fertilizado en un embrión.
El
periodo de ovulación, es el periodo fértil de una mujer,
si durante estos días (4 aproximadamente) realiza el coito con
un hombre también fértil es posible que se produzca la
fusión de un óvulo con un espermatozoide.
Durante
el coito, o introducción del pene en la vagina, el liquido seminal
(que contiene los espermatozoides) es bombeado desde las ampollas y
las vesículas seminales hasta la uretra, en un proceso llamado
emisión. La eyaculación es la expulsión del semen
fuera de la uretra.
Después
del coito los espermatozoides nadan a través del cuello del útero
hacia las trompas de Falopio. Una vez en la trompa, rodean al óvulo
e intentan penetrarlo hasta que uno lo logra. La unión de un
óvulo con un espermatozoide crea un zigoto, y se conoce como
proceso de fertilización. El óvulo y el espermatozoide
son los gametos femenino y masculino respectivamente, es decir, son
células especializadas para la reprodución. Cada una contribuye
con 23 cromosomas a la formación del zigoto, que a su vez es
también una sola célula, pero que consta de 46 cromosomas.
Este es el motivo por el cual todas las células humanas contienen
46 cromosomas.
La
fertilización prosigue y el zigoto comienza su división
celular para convertirse en un blastocito que baja por la trompa de
Falopio hasta el útero, en cuya pared se implanta. La implantación
del huevo en una rica mucosa que permite su nutrición y desarrollo,
es un fenómeno importantísimo, ya que determina la vocación
especial de la madre y le da su significación y dimensiones.
En
el momento de la ovulación, un cambio en la información
que el cerebro y la hipófisis envían al ovario puede provocar
que éste libere más de un óvulo, lo que da lugar
a la concepción de mellizos o trillizos (no idénticos),
cada uno con su propia placenta. Esta peculiaridad es con frecuencia
hereditaria. Sin embargo, si un sólo óvulo fertilizado
se divide en dos partes iguales, resultan gemelos idénticos que
comparten la misma placenta.
Los
intercambios constantes entre madre e hijo tienen lugar mediante un
órgano especial, la placenta, una especie de esponja sanguínea
a través de la cual la sangre materna aporta al feto las sustancias
nutritivas y el oxígeno, recogiendo los productos de eliminación
rechazados por el feto.
Un
embarazo viene a durar 40 semanas, durante las cuales el feto se va
desarrollando hasta alcanzar la madurez orgánica que le permite
salir al mundo exterior a través del parto:
A
las seis semanas de embarazo, el embrión no es reconocible todavía
como ser humano y solo mide 1,3 cm de longitud. La prueba del embarazo
debe dar positiva y la mujer puede notar algunos síntomas, como
sensibilidad en las mamas y náuseas.
A
las doce semanas el útero se hace palpable por encima de la pelvis.
Ahora están formados todos los órganos principales del
feto; aparecen las uñas en los dedos de las manos y los pies.
El feto mide unos 7.5 cm de longitud y pesa alrededor de 14 gr.
A
las veinte semanas de embarazo, el útero ha llegado al nivel
del ombligo de la madre y ésta nota los movimientos del feto.
El niño mide unos 21 cm y está cubierto por un vello fino
y lanoso, llamado lanugo.
A
las veintiocho semanas el útero alcanza el punto medio entre
el ombligo y el esternón. Los movimientos fetales son vigorosos
y la madre puede sentir contracciones indoloras rítmicas. El
feto es ahora "viable", lo que significa que podría vivir fuera
de la madre. Su piel está cubierta por una capa protectora llamada
vérnix y puede abrir los ojos. Mide alrededor de 37 cm.
A
las cuarenta semanas el embarazo ha llegado a término y la madre
se muestra impaciente por el nacimiento del hijo. La cabeza del feto
se desplaza hacia abajo en la pelvis de la madre, el feto está
"encajado".
El
parto es el proceso mediante el cual el bebé sale, a través
de la vagina, del útero de la madre al exterior. El parto es
posible gracias a una dilatación del cuello del útero
y a las llamadas "contracciones" del útero que empujan al niño.
Durante
el embarazo el feto ha obtenido todos los nutrientes necesarios de la
madre a través de la placenta, el recién nacido seguirá
siendo alimentado por la madre, pero a través de los pechos,
que proporcionan leche para su adecuada alimentación.
La
leche producida en los senos constituye la respuesta a la acción
de dos hormonas: la prolactina y la oxitocina. La prolactina estimula
la producción de leche por parte de las glándulas mamarias
y, cuando el niño chupa, se libera más prolactina en el
torrente sanguíneo, causando una mayor cantidad de leche. La
oxitocina hace que la leche vaya de las glándulas hasta el pezón
en el proceso llamado popularmente "subida de la leche". Algunas veces
el recién nacido no succiona lo suficientemente fuerte durante
el primer o segundo día, con lo cual la cantidad de oxitocina
liberada en la sangre es insuficiente y la "subida de la leche no es
la adecuada. Cuando la madre y el niño han adquirido el hábito
de la lactancia todo funciona bien.
Los
senos producen otra sustancia más: el calostro. El calostro no
es leche, pero resulta extremadamente nutritivo. Es espeso y amarillento,
y suele gotear de los pezones ocasionalmente durante las últimas
semanas del embarazo. Los niños se alimentan de calostro los
primeros días hasta que llega el chorro adecuado. El calostro
no solo es rico en proteínas, sino que también contiene
anticuerpos con los que el niño adquiere protección contra
ciertas enfermedades a las que están especialmente expuestos
los recién nacidos.