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CONDUCTA
Y RESPUESTA SEXUAL EN EL HOMBRE
Algunas
diferencias sexuales entre hombres y mujeres son genéticas, otras
son hormonales y también las hay que responden únicamente
a aspectos sociales. Pero lo cierto es que todavía algunas de
estas diferencias son objeto de estudio en la actualidad, pues se desconoce
hasta qué punto el comportamiento de las personas se encuentra
condicionado por la pertenencia a un sexo u otro.
Debido a la
gran semejanza existente entre los órganos genitales masculinos
y femeninos, la organización de las respuestas sexuales es similar
en ambos sexos. Sin embargo, la conducta sexual se encuentra condicionada
por numerosos factores, algunos de los cuales son analizados en el presente
capítulo.
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LOS CONDICIONAMIENTOS
SOCIALES
A lo largo de
la historia y en muchas culturas, la sociedad ha atribuido al hombre
una serie de cualidades y pautas de conducta que se consideraban propias
de su sexo, y que debía poseer y manifestar para lograr la aceptación
y el reconocimiento social.
Entre estas
cualidades destacaban la fuerza, la agresividad y la virilidad,
entendidas como posesión del otro, autocontrol y sometimiento
de las emociones a la razón. Ello se ha reflejado en su conducta
sexual, agresiva y conquistadora, y dotada de una carga emocional menor
que la de la mujer.
Por otro lado,
a causa de las difíciles condiciones de subsistencia, antiguamente
el hombre debía centrarse en la obtención del máximo
desarrollo de sus capacidades físicas, con el objetivo de lograr
una mejor realización de sus obligaciones y actividades diarias
(conseguir alimento, defenderse frente a otras tribus, etc.). Ello dio
lugar a que las sensaciones y la emotividad ocuparan un segundo plano
para el varón, mientras que eran asumidas por la mujer, ocupada
en la crianza y desarrollo de los hijos.
Sin embargo,
el desarrollo económico y la evolución política,
social y cultural que se han producido con el paso del tiempo, especialmente
en el último siglo, han propiciado que en la actualidad la conducta
sexual del hombre sea diferente: en lugar de prestar atención
a los signos de virilidad, el hombre tiende a compartir el goce sexual
con su pareja y, en términos generales, existe una mayor comunicación
entre ambos. Se establece entonces una relación de complementariedad
que se extiende al resto de parcelas de la vida y que se caracteriza
por la expresión del afecto y por la comprensión mutua,
lo que proporciona equilibrio y armonía a la pareja.